Unos aseguran que no hay peor sentimiento que el perder un hijo; una familia, padre o madre, un ser querido. Yo no digo que esto no sea consolable, afortunadamente nunca lo he vivido, solamente puedo llegar a suponer que debe ser tormentoso. Pero hay algo que si he experimentado y lo sigo haciendo, y aseguro que no existe nada peor que eso o al menos hasta ahora; perderse a sí mismo.
Ningún sentimiento se compara a levantar por la mañana, mirarte en el espejo y no saber a quién estás viendo, ni qué haces ni como llegaste ahí. Ser el espectador principal de tu propia película que se analiza a sí mismo día tras día, hora tras hora, miedo tras miedo. Y que no puedes encontrar el camino de regreso ni de salida, o de vuelta a esa paz que solías tener o en el peor de los casos, que te atribuías con astucia. El interés en todo lo que alguna vez te pareció importante se ha ido, y algo más extraño y que puede pasar desapercibido es que esa línea entre lo bueno y lo malo se hace cada vez más delgada, hasta parecer casi inexistente.
En mi opinión, eso es lo más trágico que le puede pasar a una persona. Todo está acabado cuando no hay ninguna motivación, nada con lo cual te sientas pleno y seguro, y por consiguiente no consigues estabilidad mental alguna. Por más que te adentres en ese oscuro vacío de lo recuerdos no encuentras nada, ningún destello de lo que realmente eres porque por un motivo u otro has crecido tan solo y desorientado que se te ha hecho algo de lo más normal el que sean pocos los momentos que verdaderamente te hayan hecho feliz; y de eso, no te habías percatado hasta ahora, hasta ahora que debes de tomar una decisión entre lo que eres y lo que quieres llegar a ser.
Es por eso que es tan difícil ser incapaz de definirte con exactitud, porque el auto descubrimiento en estas circunstancias conlleva soledad, soledad para meditar y encontrarte. Y es necesaria, pero a veces amarga, y más amargo el saber que en este proceso las cosas o más bien las personas que realmente te importan se van alejando por una especie de relación causa-efecto; pero tú estás tan ensimismado que lo notas cuando ya es demasiado tarde para corregirlo.
Y no te das cuenta de cuanto del tiempo que ha pasado ya en esta búsqueda, ni cuando empezó ni cuando vaya a terminar, solo esperas que pase pronto porque en algún lugar, probablemente en ese que llaman alma, aún queda la esperanza de que vengan tiempos mejores. Para eso resistes y te aferras a creer en ello, aceptar que el pasado jamás lo recuperarás y tal vez es necesario dejarlo atrás de una vez por todas; y sí, tal vez también era necesario pasar por todo eso. Vamos, no todo puede ser tan malo ¿verdad? Hay que aprender de alguna manera. Seguramente era necesario.